Cálculo manual de la receta de jabón

Jabones de rayas tipo Tim BurtonLo más bonito de la creación de jabones es la subjetividad que conlleva. Cada uno los hace a su antojo y a la medida de sus necesidades. Así puede apetecernos hacer un jabón más limpiador, más suave, más espumoso, más duro o blando...

No hay una norma. Sólo unas indicaciones a tener en cuenta. Hay aceites que se estropean antes que otros. Se denomina enranciamiento al deterioro de los aceites y los más sensibles son aquellos ricos en ácidos grasos insaturados. Se debe a que esas insaturaciones se degradan convirtiéndose en compuestos que generan mal olor. Para evitarlo se pueden utilizar agentes antioxidantes y el más común es la vitamina E acetato. También se puede utilizar aceite de semilla de pomelo por ser el más rico en vitamina E.

Otros aceites, como el de girasol o el de germen de trigo por ejemplo, son muy ricos también en esta vitamina pero la cantidad que contiene no suele ser suficiente para prolongar por mucho tiempo la vida de ese aceite al contacto con el aire.

Los aceites saturados son mucho más estables y por tanto duraderos pero no tienen la suavidad que aportan los otros.

Podemos diferenciar dos grandes grupos:
Los aceites duros, constituidos fundamentalmente por triglicéridos de ácidos grasos saturados, constituidos fundamentalmente por el de coco, palmiste, karité, cacao, palma, sebo y manteca.

Los aceites blandos, con contenido de triglicéridos de ácidos grasos insaturados, constituidos fundamentalmente por el de oliva, ricino, aguacate, maíz, germen de trigo... Dentro de este grupo están los aceites secantes, con alto contenido de los ácidos grasos insaturados linoleico y linolénico, que suelen ser los más emolientes y los más fácilmente enranciables. Son ejemplos de estos el de rosa mosqueta, argán, cáñamo y menos apreciado girasol.

A simple vista y en un clima templado se puede decir que son blandos los que se presentan en forma líquida y duros los que se presentan en forma sólida o como manteca. Esto es relativo por que por ejemplo el coco, hasta 25ºC, permanece sólido y a más temperatura es un aceite líquido.

Empecemos entonces por la selección de los aceites. Se suelen proveer con análisis que contienen dos indicadores que nos interesan fundamentalmente para realizar la receta:

El índice de saponificación (SAP) indica la cantidad de hidróxido de potasio(KOH) necesario para saponificar un gramo de ese aceite. Así si por ejemplo el del coco es 0.258, hacen falta 258 gramos de KOH para saponificar un kilo de aceite de coco. Como normalmente solemos usar sosa cáustica (NaOH) y no potasa, podemos convertir ese valor en su equivalente dividiéndolo por 1.4025 como se explica aquí.

El índice de yodo (IY) expresa la cantidad de yodo que absorbe un compuesto y va en función de la insaturación de éste. Esto significa que cuanto más alto sea este índice más posibilidades tiene el aceite de estropearse. Por lo tanto no es conveniente abusar de aceites que tengan un IY muy alto. Se considera que un valor por encima de 70 puede resultar propenso al enranciamiento.

Existe un indicador que se usa frecuentemente para elaborar una receta que se denomina valor INS. Este se calcula restando el valor SAP al IY. Si el aceite de coco tiene un valor SAP de 258 y un valor IY de 10, calculamos 258-10=248; luego su valor INS es de 248. El de palma es 199-53=146. El del aceite de oliva es 190-84=106 y el de girasol es 189-133=56.
Así cuanto más bajo, más blando y más propenso al enranciamiento y cuanto más alto, más duro y limpiador. Se establece que un buen equilibrio ronda los 130-160.

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